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La infusión del grano strictly high bean es equilibrada, especiada, con mucho cuerpo e infinidad de matices
El café guatemalteco llegó a contarse entre los mejores y, aunque la calidad se resintió durante un tiempo, actualmente su fama vuelve a ser merecida.
El cafeto se introdujo en el país en 1750 gracias a unos misioneros jesuitas, pero fueron los colonos alemanes los que desarrollaron el sector a finales del siglo XIX. Actualmente, la mayor parte de la producción proviene del sur del país, ya que las laderas de las montañas volcánicas de Sierra Madre proporcionan las condiciones ideales para el cultivo del mejor café arabica.
El sector del café abrió las puertas a la prosperidad para el país y aún hoy domina la economía nacional.
La mayoría de los pequeños productores son naturales, es decir, descendientes de los mayas, y actualmente disfrutan de un fondo estadounidense que se conoce en el país como el Proyecto y que supone la inversión de 25 millones de dólares para el desarrollo de una pequeña producción de alta calidad en Huehuetenango y el lago Atitlán. El programa intenta superar el ciclo de alto rendimiento y baja calidad que sufre la producción del café en todo el mundo.
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